viernes, mayo 26, 2006

La traición a las influencias o la angustia de las influencias.

Lastimosamente una y otra vez a los artistas nos preguntan sobre las influencias o sobre nuestros "intentos" de parecernos a quién. Para reconocer nuestra obra nos exigen representar nuestro arte bajo directrices de cómo a qué sonamos o como quién escribimos, volviéndose inevitablemente en un ejercicio y una discusión vulgar, por lo que recurrentemente terminamos hartándonos y vengamos dicha abulia poniendo en ridículo al osado "preguntón".
Para mí el juicio de la influencia o el intento de imaginarse algo que no has visto, leído o escuchado es inútil en su génesis, lo que no es inútil es la exposición de nuestros "estados" contemporáneos y pasados a la obra, es decir, el lugar desde donde mamamos o reconocemos como el inicio y convencimiento de nuestra investidura como creadores.
Cuando creo, ya sea en lo musical o literario (el "creo" puede tomarse como crear o creer, yo optaría por ambas a la vez) no tengo la conciencia de querer asemejarme a algo que me gusta o a algo que no he podido borrar de mi memoria, sólo asisto al acto y me entrego al desvarío de las ideas, podemos explicarlo como un trance religioso, la antigua idea del "medium" actúa en mí de manera total. También es cierto que las influencias están presentes en el inconciente, por lo que nuestra buena cuota de timadores penetra en nuestro arte, no tenemos conciencia de donde robamos pero sabemos que estamos robando.
He puesto una foto que encierra de donde vengo, el ensueño de la niñez permanece por siempre en nosotros, por eso los parajes de nubes doradas y colores sobrerecargados no debería ser un misterio de su presencia en mí y por consiguiente en lo que hago. Yo nunca podré escapar a la soledad, a la oscuridad, al frío, al susurro, al infinito - porque ellos me han acompañado siempre, porque en ellos nací, debe ser mi más grande influencia.
Literariamente Huidobro ha logrado abrir más de algún portal, siempre acompañado de todo el batallón surrealista, ya sea Breton, Eluard, Desnos, Duschamp, etc. Creo que durante gran tiempo de mi vida me intoxiqué del "arte surrealista" y buceé en el dadaísmo también, nunca podré recompensar al tío que me dejó navegar sin mapa en su bella biblioteca, una biblioteca sobrecargada hacia el surrealismo y lo más motivante, llena de literatura y arte bien poco conocido en chile, quizás el elitismo despierta nuestro gran egoísta, y lo acepto, en el arte suelo ser muy egoísta y hasta facista, me gusta tener un disco o un libro que nadie más posee y que es una joya, quién podría censurarme por eso?
También leí novelas, aunque la mayoría me aburrían por su obligatoriedad de terminarlas, la poesía nunca se termina y en eso se asemeja mucho más a la música, creo que si se lee mis letras reconocerán bastantes más influencias (hasta bíblicas), parte del secreto de crear es "angustiar con las influencias".
Los discos llegaron temprano y por milagro, con unos padres bastante poco melómanos y con gustos que distan mucho de los míos o de muchos, quién puede soportar 10 minutos a Mocedades? creo que nadie.
Pero también tuve acceso completo a grandes discos y poco comunes, escuché mucho soda, mucho a Los prisioneros, mucho rock del otro lado de la cordillera, incluso a Vox Dei y su gran disco "La biblia", banda que aún es muy poco conocida en nuestro país y escasa. Luego Clash, y Sex pistols y también Queen, agarré a U2 y fue sublime, y r.e.m abriéndome al noise con el Monster, y llegaron los grunges y también los sónicos (my bloody, jesus, lovesliescrushing, etc) y todo se volvió una locura, leía a Rimbaud y Baudelaire y escuchaba a Spacemen 3 y Spritualized, y le daba a mi paladar a stereolab y U2 no dejaba de machacarme con su Achtung Baby! También hubo de Pink Floyd y de Yes y de King Crimson, y vino radiohead y nos mutó, smashing pumpkins con Corgan sacando un disco doble como quien saca un single. Nadie se dió cuenta como acabó todo y ya no corrimos a las disquerías, ni esperamos discos por meses o gastamos lo indecible por tener la exclusividad que leímos en alguna revista que por rareza comentaba discos no editados en Chile, llegó internet y los discos dejaron de ser lo que eran... los discos ya no eran discos si no información acumulada, nunca más disfrutaremos un disco como antaño.
Formamos fosfeno y mezclamos todo, deprejuiciados nos montamos las guitarras y como la primera vez, a los 14, sigo haciendo ruido, sin saber por qué o para qué!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

idealizando los momentos, en paros sepias que dan la extrañeza de mi aliento.

entiendo, comprendo y asimilo. ecuaciones profundas que esparcen los momentos pasionales en degradé.

al parecer creo sentir.

cumu va rhapz......

saludillos desde acá.

Unknown dijo...

ke bueno esto del blog me parece mejor
ke el flog,
nos vemos
se me kuidan kabros,
saludos desde Chillán

Anónimo dijo...

DEJA DE LLORAR Y CUANDO TE PREGUNTEN CUALES SON TUS INFLUENCIAS SÓLO NOMBRA LA MUSICA QUE TE GUSTA

Anónimo dijo...

... y el recuerdo de esa nuca? un aliento más largo que todo Sigur Ros junto. Una influencia que flota y, a veces, te hace fluir...
es como extrañar el 803, como un bostezo de arena en la espalda de los sueños...
gracias por el ruido.
jorge.

Anónimo dijo...

si el silencio es inocencia, el ruido es genialidad.

Genial!

dreaming a little dream

I.